PROGRAMA SIN FRONTERAS 08 DE DICIEMBRE DE 2023
Juego online y pornografía infantil
Videojuegos como Roblox, Minecraft o Genshin Impact, creados para desarrollar la creatividad infantil, se han ido llenando de adultos, algunos depravados que buscan captar niños. Aunque varios indican en la descarga que fueron diseñados para mayores de 13 años, el control parental es siempre indispensable para reducir los peligros. Hay ejemplos preocupantes de juegos dentro de Roblox; por caso, los llamados de condominio, que plantean escenas obscenas protagonizadas por simpáticos y coloridos muñequitos.
El cerebro de los niños no está maduro para recibir determinados contenidos sexuales. Su efecto perturbador resulta traumático para el desarrollo y el daño que ocasiona a tan tempranas edades no es menor.
Aunque no hay estudios a nivel local, otros países señalan que los 8 años es la edad promedio en que los chicos comienzan a ver pornografía online. A los 12, la mayoría, generalmente más los varones, ya accedieron a imágenes de pornografía en internet; en un 30% de los casos esa será su única fuente de información sobre sexualidad.
Otro capítulo son las apuestas online que capturan la atención de adolescentes. Durante la pandemia, muchos incursionaron en apuestas en partidos de fútbol y pasaron también a los casinos online donde el blackjack, la ruleta, el póquer y el bingo son solo algunas opciones, pese a que la ley fija su ilegalidad para menores de 18 años.
En los colegios, las autoridades detectan cada vez más el uso de los recreos para apostar. La adicción se instala de manera sencilla por la vulnerabilidad de los jóvenes que duplican o triplican sus chances de caer en ludopatías antes de los 20 años. Los algoritmos, por un lado, e influencers que invitan a visitar casinos online pueden signar un trágico futuro.
Largas horas de consumo de pantallas llevan a un sedentarismo nocivo, crean adicción y atrofian el pleno desarrollo neuronal. ¿Cuánto tiempo es demasiado? Está claro que no se puede meter a niños y jóvenes en una burbuja, pero sí podemos alertarlos y supervisarlos, ayudándolos a desarrollar criterios propios, acompañándolos en su vida digital para evitar situaciones de ciberacoso. C
Bochornoso final de la embestida contra la Corte
El kirchnerismo recurrió a una tan desesperada como repugnante jugada en la Comisión de Juicio Político para dictaminar contra el máximo tribunal
Si alguien suponía que el oficialismo kirchnerista había mostrado ya su peor rostro en la Comisión de Juicio Político de la Cámara de Diputados, donde viene hostigando a la Corte Suprema de Justicia, es evidente que calculó mal. Su última y bochornosa jugada ha sido reemplazar de un plumazo a varios de sus integrantes que, por alguna razón, no estaban dispuestos a suscribir un escandaloso dictamen acusatorio por seis suplentes que no mostraron empacho alguno en firmarlo, sin siquiera leerlo.
Estamos hablando de un proceso que lleva ya muchos meses de sustanciación, en el que por la comisión actuante desfiló una gran cantidad de testigos, y en el que a instancias del mismo cuerpo legislativo se incorporaron cuantiosas constancias de ciertos expedientes donde, sin fundamento, se sostiene que los jueces del más alto tribunal los resolvieron de una manera tan indigna como para justificar su remoción.
Tan solo un día antes de que se reunieran para dictaminar sobre esos cargos los diputados que escucharon a los testigos, examinaron las pruebas y ponderaron los descargos ofrecidos por dos de los jueces de la Corte Suprema, el oficialismo tuvo la ocurrencia de hacer entrar a seis nuevos diputados a la Comisión, en reemplazo de otros tantos. Los recién llegados, con notorias simpatías con el kirchnerismo, sin conocer ni haber siquiera leído o ponderado nada –por la imposibilidad material de hacerlo– suscribieron el dictamen acusatorio, que fue impuesto por apenas 16 votos contra 15. De este modo, ese malhadado dictamen seguirá pendiendo sobre la cabeza del Poder Judicial de aquí en más, aun cuando se sabe –y el oficialismo que ha prohijado este engendro lo sabe mejor que nadie– que ni por asomo se logrará una mayoría de dos tercios de la Cámara baja para formular la acusación formal ante el Senado, según lo prescribe la Constitución. Incluso existen dudas de que el propio bloque peronista no se divida en el recinto del cuerpo a la hora de tratar un dictamen tan débil e insustancioso. En estas columnas hemos explicado ya que buena parte de las acusaciones contra los jueces se deben al descontento del oficialismo por la forma en que se resolvieron ciertas causas, en general complejas, en contra de los intereses del Poder Ejecutivo Nacional. Pero sucede que, en nuestro esquema constitucional, las disputas entre las distintas ramas del gobierno o entre una provincia y otra, o aquellos casos donde las leyes del Congreso u otros actos del poder público son tachados de inconstitucionales, deben necesariamente hallar su punto final de discusión en la Corte Suprema. De allí que sea tan nefasto para la salud de ese mismo esquema republicano que el poder de turno busque remover a los jueces cuando sus fallos no coinciden con lo que los gobernantes esperan.
Esta Comisión de Juicio Político, tanto con sus miembros oficialistas anteriores como con los que acaban de debutar, supo siempre que no obtendría la mayoría necesaria para remover a jueces probos, simplemente por haber cumplido su labor y haber dictado sentencias conforme a derecho. Pero está claro que el propósito ha sido otro. Ha sido el de montar un circo político para desgastarlos y satisfacer los caprichos de ciertos funcionarios, como la vicepresidenta Cristina Kirchner, a los que, por fortuna, no les queda demasiado tiempo en el ejercicio de su cargo.
Por una autoridad ambiental
Resulta llamativo que aún no se haya definido el futuro de la autoridad ambiental. Los trascendidos indican que el actual Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible sería convertido, nuevamente, en una Secretaría de Estado no dependiente de la Presidencia de la Nación sino de la Jefatura de Gabinete o de algún ministerio.
Las últimas autoridades ambientales, de las diversas gestiones, han recaído en personas que poco sabían de la materia. Lo mismo puede afirmarse de quienes ostentaron el más alto cargo de la presidencia de la Administración de Parques Nacionales. El mérito para su designación ha sido la amistad con el primer mandatario o su afinidad ideológica.
La conservación y el uso sustentable de la naturaleza, junto con la erradicación de la pobreza y la modificación de modalidades insostenibles de producción y consumo, constituyen un requisito esencial del desarrollo que nuestro país debe abordar de forma urgente. No es posible despilfarrar los recursos naturales ya que estos, cada día más escasos, son necesarios para las generaciones presentes y futuras. Los parques nacionales constituyen una herramienta estratégica para el desarrollo de las economías regionales, sin espacio para usurpaciones.
La grave crisis que afecta a la Argentina plantea la necesidad de encontrar nuevas respuestas para las acuciantes necesidades que sufre la sociedad, revalorizando la deteriorada agenda ambiental, cuya constante politización en uno u otro sentido la ha vaciado de todo contenido.
Una agenda que contiene cuestiones vinculadas a la conservación, recuperación, protección y uso sustentable de los recursos naturales; al ordenamiento ambiental del territorio; a la gestión de los recursos hídricos; a los residuos comunes y peligrosos; a cuestiones de infraestructura y su correspondiente evaluación de impacto ambiental; a la definición de políticas vinculadas con la información y cooperación internacional; a la conservación de la biodiversidad, y a las relaciones con las organizaciones relacionadas con los temas ambientales.
Es tan relevante y compleja la temática que aborda la autoridad de esta área que su desafío no es solo ambiental, sino ético. Lo que está en juego precisa de una sensibilidad con un sentido de mediano y largo plazo, y no meras respuestas coyunturales.
La forma en que se organiza una administración para abordar la problemática ambiental refleja el nivel de atención y prioridad que cada gestión le otorga. Por ello su correcto funcionamiento es fundamental para garantizar el derecho al ambiente y controlar el cumplimiento del deber de preservarlo.
La falta de inversiones nunca obedece a exigencias ambientales. Por el contrario, la ausencia de requerimientos ambientales razonables es propia del subdesarrollo. Una voluntad política clara en el proceso de fortalecimiento institucional para la gestión ambiental fortalecerá un sector empresarial genuino.
Sin una planificación adecuada, el deterioro de la calidad de vida será inevitable y resultará imposible afrontar con éxito los problemas que ya hoy nos superan: cómo alcanzar un uso sustentable de los recursos naturales; qué hacer con los residuos; cómo evitar que sea devastada la diversidad biológica; cómo incluir las funciones de los ecosistemas en los procesos de toma de decisiones para saber si gran parte del llamado progreso económico puede ser una ilusión basada en la no contabilización de la pérdida de recursos naturales, y cómo hacer que la nueva autoridad ambiental contribuya al desarrollo.
Estas son solo algunas de las preguntas que deberemos analizar y responder si nos preocupa el porvenir. La Argentina está ante un cambio positivo y la agenda ambiental debería tener el mismo sentido.
Recrear la confianza: el gran desafío de Milei
Resulta imprescindible que el futuro presidente de la Nación no cometa el error de no explicitarle a la sociedad la gravedad de la pesada herencia que recibe
El gobierno de Javier Milei enfrentará uno de los escenarios más difíciles y desafiantes que haya encontrado presidente alguno desde el retorno de la democracia en 1983, ya que a las graves desequilibrios macroeconómicos hay que sumar un nivel de pobreza que afecta a más del 40% de la población.
Una inflación proyectada en torno del 190% para todo 2023, un sensible atraso tarifario, una deuda pública que ronda por todo concepto los 419 mil millones de dólares, un déficit fiscal crónico, un mercado cambiario atado a cepos, una brecha cambiaria entre el tipo de cambio oficial y el paralelo que supera el 150%, un Banco Central con reservas negativas y una elevadísima tasa de riesgo país que nos coloca fuera del mercado de crédito internacional son apenas algunos indicadores de la monumental crisis económica y financiera que atraviesa la Argentina.
Como resultado de semejantes inconsistencias, sumadas al intervencionismo estatal, a la desmedida presión impositiva para los contribuyentes y a la falta de seguridad jurídica, nuestro país ha venido perdiendo terreno en cuanto a su participación en el comercio mundial, agravando así el problema derivado de la escasez de divisas. Durante el año último, las ventas al exterior de la Argentina apenas representaron el 0,34%, cuando en 1940 alcanzaban el 2,4%, al tiempo que el número de empresas exportadoras se redujo a la mitad en los últimos 15 años. Semejante situación habla a las claras de la necesidad de dejar atrás el sesgo antiexportador impuesto por gobiernos que alentaron arbitrarias intervenciones en el comercio exterior, agravadas por el cepo cambiario.
La inseguridad jurídica, el exceso de regulaciones en la economía y el fuerte déficit fiscal, que ha sido durante las últimas décadas la principal fuente de un proceso inflacionario cada vez más descontrolado, no han hecho más que desalentar la inversión productiva y generar un estancamiento en la creación de empleo privado.
Junto a la necesidad de desarmar las fuentes de desequilibrio que afectan las cuentas del Estado, las nuevas autoridades deberán promover una revolución en las relaciones del trabajo, tendiente a facilitar la contratación de trabajadores y a mejorar de la productividad laboral. Luego de décadas de prédicas que apuntaron a garantizar una falsa protección de los trabajadores, será menester instrumentar un marco jurídico que posibilite la creación de más empleos a través de la baja de los impuestos al trabajo y una efectiva defensa contra el desempleo sin convertir al despido en un evento infranqueable que termine siendo destructivo para la continuidad de las empresas, en particular de las más pequeñas.
El mayor desafío del futuro gobierno nacional será, ante todo, recobrar la credibilidad que hace tiempo perdió una dirigencia política que se acostumbró a servirse a sí misma, mediante la creación de más y más privilegios, en lugar de servir al bien común.
El hartazgo de la ciudadanía frente a la explosiva combinación de ineptitud con corrupción que exhibieron los regímenes populistas que gobernaron la Argentina derivó en el apoyo a una figura sin mayores antecedentes políticos, cuya principal virtud a los largo de la campaña electoral fue interpretar en forma correcta el cansancio social ante una dirigencia a la que acertadamente identificó como una casta y trazar un diagnóstico crudo pero a la vez certero sobre un Estado elefantiásico que solo supo dilapidar recursos sin brindar soluciones de fondo a los problemas de la gente.
Pero para recrear la confianza, el futuro presidente de los argentinos no solo deberá plantear soluciones creíbles para el sinfín de problemas descripto. Deberá demostrar que sabe tanto de economía como de política, para articular los necesarios acuerdos que le permitan gobernar con apenas 38 diputados nacionales sobre 257 y con solo 7 senadores nacionales sobre 72. Será crucial, en el mismo sentido, que desde el primer día de su mandato, responda con la energía necesaria ante las amenazas de grupos sindicales y de organizaciones de piqueteros que no parecen dispuestos a perder sus rentables nichos de poder y sus privilegios.
Resulta imprescindible que el futuro presidente de la Nación no cometa el error de no explicitarle a la sociedad la dimensión de la pesada herencia que recibirá, producto de políticas que han hecho del despilfarro del gasto público y del desaliento de la inversión productiva una constante, además del irresponsable populismo electoral que contribuyó a hacer trizas las finanzas del Estado en los últimos meses. Hará falta una cruda descripción de la realidad, absoluta franqueza y no poca docencia para que prime un mayoritario espíritu de colaboración entre los argentinos y terminar con un modelo populista que nos ha conducido a la ruina.
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