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ARRANCO LA POLITICA DE CAMPAÑA… MAS ZARAZA.

Si te engañan es tu culpa, la decisión es tuya y ellos solo son representantes si les firmas el contrato, es decir si les das tu voto.

Si te engañan es tu culpa, la decisión es tuya y ellos solo son representantes si les firmas el contrato, es decir si les das tu voto.

 

Programa Sin Fronteras 27 de marzo de 2023

Una nación loteada y expoliada

La prosperidad solo se alcanzará cuando los argentinos advirtamos que no se puede parcelar la función del Estado en baldosas bajo las cuales se negocien intereses particulares

Se atribuye al economista Simón Kuznets haber dicho: “Existen cuatro clases de naciones: desarrolladas, en desarrollo, Japón y la Argentina”. La diferencia de Japón sería en sentido positivo, por su capacidad de resiliencia luego de Hiroshima y Nagasaki. La Argentina lo sería en sentido negativo, por su persistente decadencia a pesar de contar con inmensos recursos naturales.

Hasta Carlos Marx se sorprendería ante la “excepcionalidad” argentina, pues en 1848 había descripto al Estado como “una junta que administra los negocios comunes de toda la clase burguesa” (“Manifiesto Comunista”, 1ª parte) y hoy, como Kuznets, abriría la boca al verificar que en la Argentina las cosas son siempre al revés. Regresaría, quizás, a la biblioteca del Museo Británico a escribir sobre nuestro caso, como la excepción que confirma la regla.

Aquí el Estado no es instrumento de la clase burguesa para explotar al proletariado, como lo describió Marx, sino a la inversa: es usado por pícaros que logran cargos públicos para hacer fortuna y convertirse en burgueses, a costa de un proletariado ingenuo que los vota, mientras se lo explota. Ha sido cooptado por intereses sectoriales, políticos venales, operadores todoterreno, militantes engreídos, mariscales sin bastones, trepadores de paraavalanchas, punteros barriales y buscavidas varios, para lucrar con desvíos de poder en su provecho.

Estos grupos oportunistas se suceden según los vaivenes de la política y las suertes de las urnas. Se nutren de flujos de riqueza que provienen de las contrataciones públicas, de subsidios sin control, de intermediar planes sociales, otorgar créditos blandos, adjudicar permisos, aplicar prohibiciones, amparar abusos, crear mercados cautivos o engordar cajas sindicales, hasta que desaparecen del escenario con las alforjas llenas, dejando pasar a nuevas camadas que continúen la expoliación hasta que los recursos se agoten.

Nuestro país es el paraíso de la improductividad, por deformación de los incentivos y las cargas para producir con eficiencia y por el desvío de la inversión pública a la compra de chatarra ferroviaria, a construir rutas inconclusas o inconducentes, o a postergar gasoductos indispensables. Todas esas distorsiones configuran el famoso “costo argentino” que unos se imponen a otros, obstaculizando la apertura de la economía, necesaria para crecer en serio.

En la Argentina, no hay baldosa que se levante de donde no surjan personajes ignotos y prósperos, verdaderos dueños de parcelas de lo público, en connivencia con sus jefes políticos, sindicalistas o empresarios clientelistas. Orfebres silenciosos de una trama indestructible que los protegerá ante quienes intenten cambios sin advertir la complejidad del desafío.

Como muestras, vale la pena recorrer noticias recientes. Hace unos días se hizo público que la AFA designó a Deportick para comercializar las entradas para los partidos de la selección nacional. Tan pronto nuestro columnista Carlos Pagni levantó esa baldosa, apareció Javier Faroni, marido de una diputada del Frente de Todos y amigo de Sergio Massa, quien lo ubicó como director de Aerolíneas Argentinas facilitando así su vínculo con el presidente de la AFA, quien le otorgó el negocio.

El amable lector también pudo enterarse de que la ministra de trabajo, Raquel Cecilia “Kelly” Olmos, tiene su ministerio loteado en áreas estratégicas controladas por sindicatos que le marcan la cancha desde sus respectivas baldosas. Sabiendo que con los “gordos” no se juega, evita pisarlas, como en la rayuela. Asimismo, se conoció el aumento de derechos de importación sobre notebooks y laptops producidas en Tierra del Fuego, dando marcha atrás a la reducción dispuesta durante la gestión macrista. Sin duda, resultado de un lobby silencioso bajo la codiciada baldosa del régimen fueguino, cuyo impacto será negativo para la productividad general, aunque el decreto diga lo contrario.

Para rematar, el diputado Ricardo López Murphy denunció que Aysa, presidida por Malena Galmarini, pretende beneficiar a Mauricio Filiberti, socio de Daniel Vila y José Luis Manzano, al llamar a licitación para proveer policloruro de aluminio (PDA) a partir de 2024 (después de que asuma el próximo gobierno). Según aquel, se eligió el PDA fabricado por Filiberti en Transclor y no otros coagulantes alternativos para evitar la competencia de otras empresas.

Muchos se preguntan si la Argentina tendrá salida esta vez, con el escepticismo de quienes conocen el paño. Luego de décadas de distorsiones, se han creado múltiples intereses que se nutren de ellas, en una adaptación al medio darwiniana, pero bien criolla. No son actividades turbias, sino pymes que nunca imaginaron que su falla de origen podría afectarlas si las reglas cambiasen.

Esa es la gran dificultad para poner a la Argentina de pie. No basta con denunciar la corrupción, pues la solución de la pobreza no surgirá de los tribunales. Tampoco con un plan económico, por más sólido y consistente que parezca. El problema es primero cultural y luego político. La estructura a transformar está sostenida por convicciones profundas que impregnan todo el arco político pues, como dijo Juan Perón respecto de radicales, socialistas y conservadores, “somos todos peronistas”, incluyendo a sus seguidores. Conocía las ideas y creencias del argentino medio, quien, a pesar de su individualismo, es estatista, proteccionista y renuente a los rigores del mercado.

En muchos casos, la defensa del statu quo no provendrá de los afectados sino de los mismos dirigentes que prometieron el cambio. Llegado el momento y luego de revisar las encuestas, es posible que les tiemble el pulso si la mayoría pide lo contrario. Las razones para conservar la línea de bandera, el transporte gratuito, la energía subsidiada, los bancos de fomento, las empresas recuperadas, las industrias sensibles, la inflexibilidad laboral o los privilegios del empleo público, quizás los fuercen a reformular promesas de campaña. Pues en el fondo, ¿tendría razón el astuto general de Puerta de Hierro?

La prosperidad solo se alcanzará cuando la sociedad se atreva a mirarse en el espejo y reconozca que no es más viable parcelar la función del Estado en baldosas bajo las cuales se negocien intereses particulares. La profundidad de la crisis debería ser una oportunidad para priorizar el interés general, como lo establece la Constitución Nacional, y tener como objetivo colectivo lograr una Argentina competitiva, abierta al mundo y capaz de transformar en bienestar para todos, la potencia de sus riquezas naturales, la excelencia de sus industrias y el talento de sus emprendedores.

En ese momento, los discípulos de Simon Kuznets deberían reformular el habitual apotegma –quedándose así sin esa remanida muletilla– para asimilarnos a Japón por nuestra resiliencia casi nipona luego de 80 años de populismo.

Nuevo asalto a los fondos jubilatorios

El decreto que ordena pesificar bonos en dólares de la Anses y otros organismos implica un claro incumplimiento de los deberes del funcionario

La decisión del Gobierno de obligar a organismos públicos como la Anses a desprenderse de bonos en dólares y canjearlos por títulos en pesos constituye un nuevo manotazo que tendrá severas consecuencias sobre el financiamiento del sistema previsional, además de estar viciado de ilegalidad.

Representa también una mancha más sobre la credibilidad de un presidente que había prometido que iba a privilegiar a los jubilados sobre los bancos y que iba a desendeudar al Estado de Leliq para dejar de pagar intereses y así elevar los haberes jubilatorios. El resultado está hoy a la vista: el stock de Leliq se ha multiplicado hasta unos 12 billones de pesos y más que duplica el tamaño de la base monetaria, al tiempo que las jubilaciones han seguido perdiendo poder adquisitivo ante la inflación.

En 1958, Franco Modigliani y Merton Miller demostraron que, en un mercado perfecto, el valor y la solvencia de una empresa dependen solo de su capacidad para generar ganancias, independientemente de cómo se financie (capital propio o deuda). Su trabajo les valió el Premio Nobel de Economía. De manera análoga, la solvencia y el riesgo de un país dependen de su capacidad para generar ingresos que cubran gastos. Cuando un país con déficit crónico llega al límite de presión impositiva y agota todas sus fuentes de financiamiento tanto en moneda extranjera como en pesos, la operación que ha planteado Sergio Massa de manotear el Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) es irracional y temeraria.

El Gobierno ha recurrido a decretos de necesidad y urgencia que reconocen la falta de recursos genuinos para pagar los próximos vencimientos de deuda y se propone llevar a cabo operaciones financieras para malvender deuda en dólares, a tasas superiores al 30%, obtener pesos y postergar temporariamente la inevitable devaluación del peso en una economía en recesión, y con una inflación de más del 100% anual.

Para lograr esto, el Gobierno requiere que todos los organismos del Estado –pero en particular el FGS– que posean bonos soberanos en dólares los canjeen por bonos en pesos. Luego, el Gobierno procederá a vender esos bonos en dólares en el mercado local a cambio de pesos y emitir nuevos títulos para financiar su gasto y hacer frente a vencimientos de deuda. A los compradores de esos bonos en dólares, se los incentiva con la libertad de vender esos títulos en el exterior, o sea que podrán dolarizar sus pesos sin perder derechos de operación en el mercado oficial para el pago de importaciones.

Sin embargo, un análisis básico indica que no existen argumentos racionales para que el FGS y los demás organismos estatales participen en esta maniobra. La exención de responsabilidad para funcionarios que los decretos del Poder Ejecutivo proveen en caso de que el canje no sea beneficioso para dichos organismos es una clara señal de que se trata de una estrategia tan arriesgada como abusiva. Tampoco hay argumentos para apoyar los decretos de un gobierno que se propone malvender el stock de bonos en dólares que respaldan las jubilaciones de los argentinos para financiar el déficit crónico del Estado.

Asimismo, la constitucionalidad de los decretos será puesta a prueba ya que vulnera derechos de leyes anteriores que intentaron darle mayor solvencia al sistema previsional en general, y la reparación histórica de los jubilados en particular.

El FGS fue creado en 2007 con el declarado propósito de “asegurar que el sistema previsional no se constituya en variable de ajuste de la economía cuando los ciclos económicos se encuentren en fases desfavorables”. Paradójicamente, quien estaba al frente de la Anses por aquel entonces era el propio Massa.

No extraña que ya se hayan presentado denuncias judiciales por incumplimiento de los deberes de funcionario público contra Alberto Fernández y Massa, ante la tentativa de utilizar activos de los aportantes al sistema previsional para fines extraños a la seguridad social y de vulnerar la autonomía financiera y económica del FGS, en lo que puede considerarse como un nuevo asalto a los fondos jubilatorios.

A principios de año el Gobierno intentó controlar el precio del dólar contado con liquidación (CCL) vendiendo dólares del BCRA. Ahora intenta lo mismo utilizando bonos en dólares.

Dada la acuciante situación económica y social, que se verá profundizada por la fuerte caída de la recaudación derivada de la grave sequía, resulta irresponsable no consensuar y avanzar con medidas de fondo y reformas estructurales que apunten hacia un horizonte de sustentabilidad para la economía argentina. Seguir brindando pésimas señales con medidas como las anunciadas la semana última solo dañará aún más la seguridad jurídica y la previsibilidad en materia económica.

Las extorsiones y amenazas de Parrilli

El senador y habitual vocero de Cristina Kirchner ha lanzado una inadmisible advertencia contra la democracia y el funcionamiento de las instituciones

Se podría aducir que la seriedad política del senador nacional por Neuquén Oscar Parrilli se halla en relación directa con el entusiasmo con que defendió en el Congreso de la Nación la privatización de YPF en los años 90 y, con igual devoción, en 2012, el retorno abrupto del Estado al control de esa gran empresa que tantos dolores de cabeza ha costado a la Nación.

Desde perspectiva tan cambiante, tan desprovista de convicciones estables, frente a los puntos de vista que manifiesta Parrilli solo cabría el silencio como respuesta razonable. Mañana, con idéntica energía, podría decir, según sus antecedentes, lo contrario de hoy. Con el silencio como eco se economizaría tiempo y se situaría al personaje en el lugar intrascendente que le corresponde.

No está solo en ese casillero de la política argentina. Los juicios que quepan sobre el senador patagónico a raíz de un temperamento sinuoso alcanzan en más de un sentido a la jefa política por cuyas vicisitudes con la Justicia aquel se desvela: la alicaída vicepresidenta de la Nación. Con su marido, el expresidente Néstor Kirchner, fallecido en 2010, fueron ambos entusiastas defensores de la libertad de mercado impulsada por Carlos Menem. Néstor Kirchner lo llegó a calificar, con inigualable desacierto en las proporciones, como el más grande jefe de Estado que hubiera tenido la Argentina. Cuando Menem se aprestaba a abandonar todo intento por volver al poder, Kirchner denostó con ferocidad sus políticas y se convirtió, con su mujer, en apologista de los mercados cerrados, internamente regulados, y cómplices de las dictaduras de Cuba y Venezuela. Atrás habían quedado los años de afinidad con los militares en Santa Cruz. Pasarían más tarde a apropiarse de los derechos humanos y reescribirían el prólogo de Sabato al Nunca más como si, en su oportunismo desenfrenado, la historia les debiera algo a ellos.

Con audacia llamativa y sobrada irresponsabilidad sobre la urgente necesidad de fortalecer la institucionalidad del país, el senador Parrilli acaba de decir que “nadie va a poder gobernar habiendo ganado las elecciones con una proscripción” y de sugerir que Cristina Kirchner debía ser absuelta por la Justicia antes del cierre de la presentación de listas electorales, pese a que se halla habilitada para ser candidata.

Rechazamos las amenazas y extorsiones lanzadas como un anatema contra cualquier resultado electoral en competencias de las que se abstenga su mandante. La vil advertencia de Parrilli es en estas circunstancias un dardo, incluso, contra quien pudiera asumir eventualmente la presidencia agitando banderas peronistas.

Cristina Kirchner anunció meses atrás que se excluía del proceso electoral que conducirá a un nuevo período presidencial el 10 de diciembre. El país no perdió el pulso por el anuncio. La vicepresidenta comunicó a sus adeptos la novedad de su retirada bajo la inaceptable tesis de que la condena a seis años de prisión e inhabilitación perpetua que le ha aplicado la Justicia Federal constituye un acto de proscripción. Ha confundido esa condena con las manipulaciones judiciales que los Kirchner harto conocen por haberlas practicado con frecuencia.

Si la vicepresidenta no presenta su candidatura como ha hecho saber, será su decisión. Como abogada, si es que realmente lo es, con un mínimo conocimiento al menos del derecho constitucional y de las leyes penales en vigor, sabe que hasta tanto no haya sentencia firme podrá presentarse a los comicios. Y, ha de ser de su conocimiento, además, que la revisión que oportunamente se haga por casación o por recurso extraordinario ante la Corte Suprema de Justicia de la Nación llevará años antes de que se produzca una decisión definitiva y los juicios a que está sometida queden concluidos.

El senador Parrilli ha comparado la situación de la vicepresidenta con la del peronismo proscripto en su tiempo por influencia militar que compartieron, es cierto, múltiples corrientes políticas en las elecciones que llevaron a Arturo Frondizi al poder, en 1958, y a Arturo Illia, en 1963. Ambos cayeron antes de concluir sus mandatos.

En el caso particular del doctor Illia, el senador neuquino se olvidó de que en la decisión de derrocarlo participaron Juan Perón y algunos de los principales dirigentes sindicales de militancia peronista. Fueron los que estaban presentes, como Augusto Timoteo Vandor, en el acto de asunción en la Casa Rosada del general Juan Carlos Onganía.

También olvidó mencionar Parrilli el hostigamiento del que fue objeto el primer presidente de la democracia recuperada en 1983, Raúl Alfonsín, contra cuya política la CGT encabezada por Saúl Ubaldini, otro sindicalista peronista, llevó adelante 13 paros generales. Fue una sistemática campaña de desestabilización del presidente que al asumir había ofrecido la titularidad de la Corte Suprema de Justicia de la Nación al adversario derrotado, Ítalo Luder.

Nada tiene que ver, por lo demás, con aquel capítulo de la historia vernácula la autoexclusión, en principio, de Cristina Kirchner por voluntad propia de las próximas elecciones. Decimos en principio porque nunca se sabe con seguridad de políticos de su ralea cuál será la posición verdadera, la que adoptará en última instancia.

Estos tiempos acumulan enormes problemas de orden general. Muchos de ellos se hallan influidos por las nuevas olas políticas surgidas del fin de la Guerra Fría en 1989/91, que dejaron atrás el mundo que emergió al cabo de la Segunda Guerra Mundial con sus propias consignas, entre las que prosperó el concepto político de proscripción.

El nazismo fue proscripto en 1945 por leyes de las potencias vencedoras; el fascismo quedó al margen de la ley en Italia con la Constitución de 1948 y sus efectos a duras penas se disfrazan entre banderas neofascistas. A la caída de Perón en 1955, tan próxima al fin de la conflagración mundial, estaba fresca en amplias franjas ciudadanas la conciencia de que una fuerza política que había ejercido dictatorialmente el poder podía ser proscripta.

La proscripción del peronismo significó un costo para este y para la regularización institucional del país. Nadie quiere un retorno a aquellos años de exclusión de una fracción política de tanta gravitación, de modo que no debería manipular el senador Parrilli vanamente la historia ni jugar con ella y con los sentimientos ciudadanos más afirmados.

La reconstrucción del país destruido por desaciertos de décadas que han potenciado las demasías del kirchnerismo, y su desprejuicio al máximo en cuestiones tan sensibles como la corrupción, necesita de los mejores elementos de todas las fuerzas políticas del concierto nacional. Algunos de ellos están tratando de emerger de las segundas líneas desde el movimiento que ha condenado a la Argentina al fracaso harto evidente en las primeras dos décadas del siglo XX, liberándose así de la influencia nefasta de quienes lo lideraron en estos veinte años.

No todos los datos de la realidad inmediata se corresponden con la mirada amenazante, pesimista y sombría del senador Parrilli.

La pesadilla peronista: sin dólares y sin Macri

La retirada del expresidente supone el derrumbe de un arquitectura discursiva en el oficialismo, sumido en una fuerte interna; el canje de bonos expone, al mismo tiempo, la dramática falta de divisas y la necesidad acaso de que el Gobierno tenga que hacer un ajuste que preferiría evitar

La política, sobre todo cuando entra en fase electoral, es un sistema: una estructura donde cada parte condiciona y se define por las otras, donde la identidad de cada actor y cada grupo depende, en alguna medida, de la identidad y del juego de los otros. Quiere decir que si sacamos una pieza, la configuración total, en mayor o menor medida, cambia. Esto es lo que sucede con el desistimiento de Macri.

Macri, como todos sabemos, comunicó este domingo que finalmente no va a competir en las elecciones. Y esto tiene varias derivaciones. La primera tiene que ver -y probablemente en la intimidad sea la que más disfrute- con el daño que le provoca al Frente de Todos. Porque si uno intenta revisar la cortísima lista de coincidencias que puede haber entre Cristina Kirchner y Alberto Fernández, probablemente la única sea un mismo eje discursivo anti-Macri. No solo porque en el discurso del Gobierno, del Frente de Todos, del peronismo, Macri es la encarnación de una herencia maldita, sino porque, sobre todo en el discurso de Alberto Fernández, Macri es el demonio que puede venir, el peligro que puede regresar, como dice el oficialismo “con los males de la derecha y del neoliberalismo”. Para toda esa construcción, Macri salió de juego y probablemente mucha de esa arquitectura empiece a derrumbarse.

Hay que hacer un apunte: algo de esto vio, intuyó, Máximo Kirchner cuando hace poco tiempo dijo: “No nos podemos basar solo en el miedo a Macri, en la crítica a Macri, tenemos que tener otros argumentos”. Tal vez le estaba hablando a Alberto Fernández, seguramente le estaba hablando a su propia organización, al kirchnerismo, por las muchas dificultades que presentan los políticos hoy en conectar con la sociedad La primera consecuencia entonces es que Macri se retira y le produce un daño al Frente de Todos.

Subliminalmente tiene otra proyección la salida de Macri. Envuelve en una especie de pátina, de anacronismo a Cristina Kirchner. Son elecciones en las que Macri no va a estar. Tampoco va a estar Cristina Kirchner como candidata. Si va a haber primarias en Juntos por el Cambio y el Frente de Todos, quiere decir que van a surgir figuras legitimadas, con otra densidad y consistencia. Estamos en tránsito a una nueva fase de la política. Todo esto está en curso.

Otra pregunta tiene que ver ya con Juntos por el Cambio y específicamente con el Pro. Saco a Macri, ¿todo queda igual? ¿A dónde van los votos que podía tener Macri? ¿Cuánta gente apostó o apuesta o apostaba hasta ayer por Patricia Bullrich con la sensación de que era una sala de espera hasta que llegue la verdadera candidatura, la de Macri? ¿Cuánta gente que votaría a Macri iría a votar a Horacio Rodríguez Larreta? ¿A dónde van esos votos? Quiere decir que, de nuevo, ya ahora en el microcosmos del Pro, saco a Macri y se produce un realineamiento en la base electoral de ese partido.

Quedan muchos descolocados. Como los que fueron a Macri a pedir que por favor se presente. Algunos lo hicieron casi en público, con lo cual quedaron mal con Bullrich y con Rodríguez Larreta. Con Vidal también, ya que Macri sostiene que es precandidata. Otros descolocados son los que esperaban que Macri mantuviera velada su decisión, mantuviera una candidatura fantasmal para, con la palanca de esa candidatura -que probablemente después no se haría efectiva- mejorar su incorporación a las listas. Este es un problema que plantea también el retiro de Cristina. Muchos kirchneristas piensan: “¿Por qué se retiró tan temprano? ¿Con qué amenazamos ahora a nuestros adversarios internos si no tenemos la carta de Cristina?”. Algo parecido pasa, en el Pro sobre todo, con la retirada de Macri. Él repite algo que ya sucedió en el 2021. Muchos candidatos, en aquel momento Patricia Bullrich en Capital Federal, sintieron que Macri los dejaba desamparados, que discutía una o dos cuestiones nomás. Una de ellas, la situación de su primo Jorge Macri en la provincia, que quedó descartado frente a la candidatura de Diego Santilli. Macri negoció la situación de su primo y se fue a Suiza. Algo parecido pasa en alguna gente hoy con este retiro de Macri.

Es interesante la astucia, la inteligencia, la estrategia con la que Macri construyó su retirada. ¿Por qué? Porque todo este ritual de gente que le pedía que fuera candidato, fue generando la sensación, buscada por él, de que estaba en condiciones competitivas. Y eso le permite presentar su desistimiento como la renuncia a un triunfo y no a una derrota. ¿Cuánto hace que Macri sabía que no iba a jugar? Aquí yo recurriría a una nota, un artículo periodístico que en este contexto adquiere un valor muy interesante y lo escribió en Noticias Rodis Recalt el 25 de enero de este año. Me interesa esta nota porque muestra un párrafo de “¿Para qué?”, el libro de Macri, que le permitió construir una legitimación para después bajarse y decir “renuncio a ganar”. En un párrafo, dice: “Como Boca, yo también había crecido. Y tenía que capitalizar todo ese crecimiento. La primera pista acerca de que mi ciclo estaba concluyendo fue la sensación extraña de comenzar a sentirme esclavo de Boca”. Y acá está la clave, que detecta en enero Recalt: “Sabía entonces, como lo sé hoy -o sea el año pasado-, que hay un momento en que hay que ceder el paso a otros para que pueda seguir su camino con sus errores y aciertos”. Esto pasó inadvertido, o al menos no pasó todo lo advertido que tenía que ser, pero acá Macri parecía estar avisando: “Me voy envuelto en la gloria y no como un perdedor”.

Esta tesis está amenazada por el Gobierno que dice: “No, está yéndose porque perdía”. Y porque dentro de Juntos por el Cambio aparecen voces, no del todo explicitas, que también aseguran: “Macri se retira porque estaba yendo a una derrota”. La principal vocera de esto, oculta pero que trasciende en los medios a través del off the record, es Elisa Carrió.

Algunos medios titularon este lunes con que “Carrió dijo en una reunión de la Coalición Cívica que [Macri] ‘se fue porque no le daban los números’”. Algo de eso piensan varios dirigentes del Pro y Juntos por el Cambio, sobre todo basados en una encuesta de Facundo Nejamkis, de una consultora que se llama Opina Argentina, que circuló por el Pro hace no más de diez días. Tiene la particularidad de ser una encuesta presencial. Muestra los niveles de imagen negativa y el rechazo de votar a distintos candidatos. Los que quieren decir “Macri huyó de una derrota” miran que en esta encuesta Macri tiene un porcentaje muy alto, 73%, de negatividad. Es el que tiene frente a sí una mayor masa de votantes que dice que “jamás lo votaría como presidente”. Pero interesa otro punto, mucho más importante, y es que todos tienen una negatividad enorme. Es decir, la clase política o los principales candidatos tienen un problema muy importante de comunicación con la gente. Tienen que lidiar con la negatividad. Daría la sensación de que la sociedad está en otra frecuencia. ¿Por qué es tan importante esto? Porque la agenda económica que esta dirigencia debe resolver, en especial el que surja como presidente, es cada vez más endiablada y cada vez más dolorosa. Entonces hay que hacer lo que hay que hacer, que es desagradable, con este nivel de rechazo.

En el entorno de Patricia Bullrich, donde se ven en alguna medida como herederos, se plantean ahora como los abanderados de la predica contundente de Macri. Hay que reconocer que el fundador de Pro representó en la política argentina, y probablemente lo siga representando, la encarnación de un concepto muy claro que es que hay que terminar con la Argentina amañada por intereses corporativos. Bullrich se propone tomar esa bandera, convencida de que Macri se iba a retirar de la pelea cuando volviera de las reuniones de la FIFA. Porque en las encuestas que la propia Bullrich maneja, Macri andaba mal. Tenía una barrera infranqueable en el conurbano bonaerense y algo parecido en el norte del país, así como daba muy bien o tiene muchas adhesiones en el centro del país. ¿Cuál es la contextura política de Macri? Se va a saber cuando vaya rodando la campaña. ¿Y cómo nos vamos a dar cuenta? ¿Cuál es el test? Si lo invitan a participar de los actos y dónde lo invitan. Vamos a ver cómo se comporta Bullrich y cómo se comporta Larreta. Probablemente lo inviten en Córdoba, pero no lo inviten en La Matanza. Es algo interesante de la campaña.

La retirada de Macri plantea un problema de gran dimensión al Pro, que hasta ahora ha sido un partido básicamente personal: el de la gente a la que le gusta Macri. Por eso el expresidente concentra más que otros la identidad de ese grupo. Pasa en general, y es curioso, con todos los partidos liderados por empresarios. Pasa con el partido de Piñera en Chile, con el de Berlusconi en Italia, en alguna medida con la corriente interna que respalda a Donald Trump entre los republicanos sucede lo mismo. No son hijos de una tradición, no están asociados por una imagen del país ni por ideas, sino porque les gusta la ejecución política de ese líder. Vamos a ver cómo tramita el Pro esa transformación de partido personal a ser un partido más multipolar, que va a necesitar institucionalizarse y que va hacia una interna. Y vamos a ver qué rol ocupa Macri en esa transformación, y cuánto sigue Macri actuando en la política. Porque lo que estamos viviendo es un Macri que vuelve a sus orígenes, que vuelve al fútbol que es su “La Mantaza” o su “Calafate”, el lugar de pertenencia principal, de donde surgió como líder popular. Hay quienes apuestan a que va a hacer un camino hacia la FIFA, probablemente apalancado en el enorme poder que tiene Tamir Al Thani, el emir de Qatar, y también en su alianza con Gianni Infantino. Y es un Macri que vuelve a su condición de empresario, a los negocios, también en Medio Oriente, en Qatar, en Saudi Arabia, etc.

Hemos insistido mucho en que, desprovisto del celofán del marketing, apareció un Macri muy comprometido con el poder, que entiende como nadie el ajedrez de la política, con una gran capacidad de persuasión, cercana a la manipulación de las personas, de los dirigentes, de los que lo rodean. Un Macri que disfruta de la intervención en el proceso. Entonces, es muy difícil que haya desistido de ser candidato a presidente sin asegurarse, en una reunión que tuvo el viernes con Horacio Rodríguez Larretaque su primo Jorge Macri va a ser el candidato único del Pro en la ciudad de Buenos Aires, probablemente contra Martín Lousteau. Si uno mira las declaraciones de Macri de todo este tiempo, a medida que han pasado las semanas y los meses, hay un rasgo que se va a profundizando. Lo único que él dice de manera inequívoca, en lo cual no es ambiguo es: “Mi primo tiene que ser candidato a Jefe de Gobierno”. En su video, cuando anunció su retirada, hizo toda una crítica a la idea de que pueda haber salvadores. Bueno, pareciera que el único mini salvador que queda es Jorge Macri como candidato a Jefe de Gobierno a la ciudad de Buenos Aires. Ahí sí hay una apuesta a la persona, explícita. Lo ha dicho abiertamente. Patricia Bullrich también apoya a Jorge Macri. ¿Hubo un acuerdo entre Macri y Larreta a partir del cual Macri se baja tranquilo de su candidatura -con toda la presión que retira haciendo eso- para que Larreta convalide la candidatura de Jorge Macri? Si él me dijera que eso fue así, hoy tendría una doble crisis en la ciudad de Buenos Aires y en Juntos por el Cambio. Parte de esa crisis se llama Martín Lousteau, que tenía la expectativa de que Larreta lo apoye como candidato. Como toda negociación política tiene un fondo elegantemente extorsivo, los radicales plantean que si no les cumplen en la Capital, se van. Hay otros que piensan cómo se puede seguir. Y ahí surge la posibilidad de una candidatura presidencial de Lousteau, que le quite votos a Larreta. Son armas que se insinúan, más allá de su efectividad real. El problema de Lousteau es que no tiene un candidato a presidente competitivo del radicalismo del cual colgarse. El radicalismo porteño está esperando que haya un método distinto de elección en la Capital, que sea el mismo día, pero mediante elecciones separadas. Se trataría de votar los candidatos a presidente en una interna nacional y los candidatos a jefe de gobierno en una interna diferente, local. Dos urnas. Así, Lousteau no perdería fuerza. Mauricio y Jorge Macri lo están analizando. Son formas de ingeniería que ellos estudian muy bien porque siempre hay segundas y terceras derivaciones, dado que hay que detectar el cuchillo que viene debajo del poncho en ese tipo de propuestas.

Carrió es el otro rostro en esta eventual crisis porteña. Ya mandó a decir que su candidato es Fernán Quirós, a quien Larreta todavía dice que no desiste de apoyar. Si no es Quirós, Carrió dice que tendrá otro candidato porteño. Esto puede producir fragmentación, crisis y fuga de votos. Es una discusión sobre el poder y sobre el pájaro en mano: la Capital Federal, que es un distrito que Pro administra desde 2007, y al que Macri siente, igual que a Boca, como su casa, su base.

En el Frente de Todos sucede algo muy divertido. Toman la retirada de Macri como un insumo de la propia interna. Las personas más ligadas a Alberto Fernández -los que siguen esa consigna que Alberto dijo en off the record ‘vengo a terminar con 20 años de kirchnerismo”- piden que Cristina aprenda de Macri y se retire. ¿Qué diría Cristina frente a esto? Probablemente que ya dijo dos veces que no jugaba. Una pudo haber sido entendida como un impulso, en ese monólogo encendido que dio el 6 de diciembre después de la condena, cuando dijo que “Magneto podía meterla presa” pero que ella se iba de las listas. Eso pudo haber sido un arrebato, pero 21 días después, el 27 de diciembre, lo dijo de nuevo pero perfeccionado. Dijo que no se autoexcluyó, que no renunció, y que, en cambio, la proscriben, que es otra forma de presentar políticamente, y si se quiere mitológicamente, la misma decisión: que no va a jugar en este partido.

Desde el sector que se identifica con Cristina Kirchner, particularmente La Cámpora, dicen que el que tendría que imitar a Macri es Alberto. Y ahí subrayan lo que Carrió señala de Macri, que se fue porque no le dan los votos. Alberto debería retirarse, según el discurso del kirchnerismo duro, para dejar la pista despejada para que otros candidatos compitan y ordenen una situación muy desordenada.

Es interesante señalar lo que se desprende de un cuadro de Fernando Marull respecto del índice de confianza que ha tenido cada presidente a lo largo de su gestión. Es un cuadro que compara esa performance en los primeros 39 meses de cada administración. Macri repunta sobre el final un poco y se sostiene. Cristina Kirchner -más allá del conflicto inicial con el campo- se mantiene con bastante estabilidad, una característica importante de ella, que tiene más o menos siempre el mismo número de fieles. La evolución de Alberto Fernández es una peripecia. Tiene un pico extraordinario, con más de 65% de confianza -nunca Cristina o Macri alcanzaron eso- y luego se derrumba, y sigue cayendo. Al mirar este número, en el kirchnerismo le advierten que se retire. ¿Por qué? Porque existe un serio riesgo de ganarle. En el diálogo imaginario, el kirchnerismo plantea que le puede ganar a Alberto en una primaria, pero teme otra desgracia, que es quedar segundos respecto de Juntos por el Cambio. “¿Cómo termina el Gobierno con la situación actual de los mercados, con falta de dólares y el nivel de inflación que hay, si además, nosotros nos encargamos de matar al Presidente?”, se preguntan en La Cámpora. Esto se agrega al malestar que Cristina tiene desde hace tiempo con Alberto.

En el foro del Grupo de Puebla que se desarrolló la semana pasada dicen que Marco Enríquez Ominami, chileno y amigo de Alberto Fernández, pidió al resto de los panelistas que tengan a bien elogiar al presidente argentino y explicarle a Cristina todo lo que él hizo por ella, particularmente respecto de su situación judicial, donde ella ve un déficit tremendo. El ecuatoriano Rafael Correa dijo que Alberto Fernández había sido “clave” para ese encuentro, y señaló que siempre les había pedido apoyarla “ante tanta infamia”. En ese momento, la gente aplaudió sin pasión y Cristina siguió agitando el abanico que tenía en su mano izquierda. El Frente de Todos atraviesa un drama que es enfrentar a alguien a quien le pueden ganar, un caso raro en el que uno no desea ganarle al rival. Tampoco tiene tan buenos abogados Alberto Fernández. “Soy el único que sostiene que Alberto tiene que ser candidato”, dijo Aníbal Fernández.

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